GUIA DE GUERRA PARA CONTENER COVID-19. Por Raúl Monter


Acabo de leer libro de Dra. Laurie Ann Ximénez jefa del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM. UN DAÑO IRREPARABLE. La criminal gestión de la Pandemia en México. Recomendable y reveladora su lectura.

Al leerlo, me vinieron a la mente preguntas que no habían tenido respuesta, acerca del manejo que Gobierno Federal da a la pandemia del COVID-19, las cuales comparto y me baso en los argumentos de la Dra Ximénez.

¿Por qué no se hicieron pruebas del virus desde un principio, como medida preventiva? Dra. responde; “al 28 de diciembre pasado México había realizado 27.2 pruebas de laboratorio por cada mil habitantes, un promedio en franco contraste con países como Sudáfrica (108.9 por cada mil), Brasil (134.1), Alemania (401.7), Estados Unidos (753.6) y Dinamarca (1 782.5). Al ser más restringida y selectiva la aplicación, López Gatell engaña ya que, que la mortalidad en México por cada mil, luce artificialmente más baja.

¿Porque prefirió como objetivo tener camas disponibles y no aplicar la prevención? Dra. dice; “la mortalidad de pacientes atendidos en unidades de cuidados intensivos se calcula entre 71 y 82 %, hasta el mes de diciembre 2020, seguía siendo mayor a 90% La clave es la prevención y la atención temprana, no los cuidados críticos sólo sirven como último recurso. El subsecretario quiso evitar el colapso del sistema hospitalario; pero rechaza pacientes, quienes mueren en casa; es un ejercicio de ignominia, instruyendo al cuerpo médico para entrar en modalidad de medicina de guerra. «Tenerlas vacías es un mecanismo, un medio para lograr garantizar que toda persona que tenga COVID suficientemente grave tenga un sitio donde atenderse y con ello disminuir la mortalidad», dijo este médico que parece desconocer que la COVID-19 tiene un muy mal pronóstico si se atiende tarde, justamente cuando el paciente está «suficientemente grave», en sus mismas palabras. Esto convirtió a México, quizás, en el único país en donde tener camas disponibles en los hospitales jamás se tradujo en una disminución en las muertes”

¿Por qué la instrucción del sector salud fue mandar a los enfermos asintomáticos a casa?



En su investigación la Dra. Ximénez dice; “el 2 de mayo, Hugo López Gatell instaba en su informe diario a que cualquier persona de «cualquier edad, tenga o no tenga estas condiciones de riesgo y presente dificultad para respirar, acuda inmediatamente a las unidades de salud [...] si usted se espera y llega demasiado tarde, la posibilidad de ayudarle se reduce [...] de modo que cuando usted llega al hospital pudiera estar [sic]demasiado tarde». Entonces, ¿en qué quedamos? Si tengo síntomas de esta enfermedad, ¿me quedo en mi domicilio o acudo a un centro de salud? En la práctica, sin embargo, el protocolo de la Secretaría de Salud es muy claro: le ordenan a la población que «vaya pronto a revisarse», pero al llegar no los admiten sino hasta que están graves. Les indican que vuelvan a su casa con una caja de paracetamol y otra de azitromicina, con instrucciones de regresar si se ponen peor. O sea, el discurso oficial no corresponde con lo que ocurre en la práctica en los hospitales.

¿Porque no se obligó uso del cubrebocas? “debido a la «estrategia» anti-COVID desplegada por presidente AMLO: dos estampas de santos y su escudo protector, «la honestidad»” Pero ¡no! A continuación, y luego de admitir que la persona enferma «que lo use con menor probabilidad va a propagar el virus a otras personas» — bien, estamos de acuerdo con eso, doc—, vino una confusa y absurda perorata en la que no faltaron frases como «[no es efectivo en el caso de quien] estando sano o sana [sic]; es decir, el uso del cubrebocas no es un mecanismo efectivo para prevenir el contagio». ¡Válgame Dios! ¡Claro que no es efectivo el cubrebocas si todos estamos sanos! Si todos lo estuviéramos, no estaríamos discutiendo el tema del bendito cubrebocas ¡desde marzo pasado! Pero ¿cómo saber eso? ¿Cómo distinguir quién está sano de quien no lo está si hoy en México 70 % de los infectados no presenta síntomas y 10 % tiene síntomas muy leves?81 Y ¿cómo detectar a los infectados si, además, López-Gatell ha decidido no testear a la población?



No me cansaré de repetirlo: el precio de la vacilación y pusilanimidad de las autoridades para actuar con rapidez y contundencia al inicio de la pandemia se está pagando con el sufrimiento y la vida de miles de mexicanos. Desde que empezó la pandemia tuvieron, además de la obligación cívica y moral, infinitas oportunidades de rectificar el rumbo y tratar de resarcir el daño salvando el mayor número posible de vidas. Pero no lo hicieron.

A pesar que presidente AMLO ya tuvo covid-19, se curó, pero leo con preocupación, en las noticias de hace unas semanas, sus declaraciones afirmando: «Me dicen López-Gatell y Alcocer que no es indispensable», declaró, refiriéndose al bendito dispositivo de tela”. La necedad es parte de su ADN, dando mal ejemplo a la población, ya que piensan si el presidente no lo usa, ¿por qué yo?

¿Porque se politizo la compra de vacunas? El tiempo no va a controlar la pandemia. Este tipo de eventos epidémicos de grandes proporciones no cede ni se controla meramente con el tiempo. Se necesita intervención gubernamental y apoyo por parte de la sociedad. En diciembre, Marcelo Ebrard, SRE, dijo al presidente Andrés Manuel López Obrador, «Misión cumplida», al arribo de 250 000 vacunas beneficiando a 125 000 personas. Lo extraño es que, en el presupuesto federal, aprobado en noviembre de 2020, no hay ninguna partida presupuestaria a este rubro.



Una vez más, las autoridades de nuestro país sobre simplifican el tema de la vacunación, así como han banalizado un asunto tan complejo como la actual pandemia. Esta parecía una oportunidad única para que el gobierno se reivindicara un poco, pero de nuevo ha prevalecido el discurso demagógico hueco y la incompetencia, desperdiciando el Consejo Nacional de Vacunación que es un organismo nacional, su principal trabajo es coordinar todas las actividades que se realizan en el país para prevenir, controlar, eliminar y evitar que se presenten enfermedades a través de la vacunación y con ello beneficiar a todas las personas que viven en nuestro país.


En su lugar utilizaran a los Servidores de la Nación, para controlar a los ciudadanos que se van a vacunar y de cara a cara les dirán que es un obsequio del presidente AMLO, con fines totalmente electorales.


Conclusión; no hay plan, solo improvisación-engaño, la fórmula de siempre.


RAUL MONTER ORTEGA

raul.monter46@gmail.com

Raúl Monter Ortega.

raul.moner46@gmail.com

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