La lucha contra la violencia exige un nuevo lenguaje. Por Teresa Sepúlveda


La sociedad de mis abuelos fue rígida, disciplinaria, llena de reglas, donde predominaba la sumisión y se valoraba profundamente la abnegación; uno podía escuchar frases como “es muy buena, nunca se casó por cuidar a sus sobrinos”, “El marido la maltrataba, pero aguantó estoicamente por los hijos”.

Esta ideología quedó reflejada en la época de oro del cine mexicano, en películas como “La oveja negra”, donde se narra la rivalidad entre un padre —borracho y abusivo— y su hijo, dedicado a defender a su madre victimizada, o “Pepe el Toro” donde se valora la lealtad y solidaridad de la gente humilde.


“Ojalá sea niño”, “plancha la ropa a tu hermano”, “Ya sabes cocinar, te puedes casar”, “Si te pega aguanta, ya te casaste”.

La sociedad actual ha ido cambiando, se ha vuelto flexible, hedonistas, respetuosa de las diferencias; lucha por abanderar las causas de las minorías, se expresa.

En el caso de las mujeres, hay quienes cantan y bailan coreografías para protestar por las injusticias, los feminicidios, las violaciones y vejaciones; en los días más neurálgicos salen con tintas y palos a destruir lo que encuentren a su paso, para que duela, para que sientan, para que la autoridad se enoje, para que no haya más víctimas. También hay otro grupo de mujeres que sin darse cuenta siguen cargando con el estigma de la educación tradicional, que tanto detestaba el fallecido filósofo brasileño, Paulo Freire, autor de “Pedagogía del oprimido”.

La propuesta educativa de Freire, toma gran relevancia, para quienes vemos en la educación una solución que parte de una transformación ideológica y que implica tomar conciencia de la realidad que vive el individuo como ser oprimido al estar sujeto a las determinaciones que los opresores imponen.

También Paulo Freire, reconoció la importancia de la iniciativa por parte de los oprimidos para luchar y liberarse frente a los opresores.

La lucha femenina tiene muchos frentes, hay que desaparecer los viejos patrones de la violencia que se han seguido por décadas y se han transmitido a través de un proceso llamado enculturación.


Tan solo el año pasado se registraron 220 mil 028 casos de violencia familiar y se estima que 10 mujeres mueren diariamente víctimas de feminicidio, además faltan refugios y presupuesto.

Por otra parte, no podemos negar los avances; en estos comicios habrá paridad.

Es importante reconocer el trabajo intenso de mujeres como Rosario Castellanos, Elvia Carrillo Puerto, Hermila Galindo, Marta Lamas, Marcela Lagarde, María Elena Chapa.

La transformación ideológica nos exige un lenguaje nuevo, muy distinto al del adoctrinamiento mañanero “Moche”, “piquete de ojo”, “machuchón”, “fifí”, “mafia del poder”, “me canso ganso”.

Si queremos que termine la violencia, necesitamos poner todos y todas de nuestra parte.

Trabajemos en la construcción de valores tales como justicia, tolerancia, equidad, paridad, respeto.

Hombres y mujeres utilicemos una narrativa incluyente y pacífica… Los pactos se hacen con la justicia, con la equidad, con el respeto.

Los violadores no pueden ser candidatos, ni los violentos, ni los ladrones.

¿Nos ayudas Andrés Manuel López Obrador?


Teresa Sepúlveda

Licenciatura en Comunicación, egresada de la UANL. Maestría en Procesos Electorales, por la Escuela Superior de Procesos Electorales y Doctorado en Educación en la Universidad Humanista de las Américas.

Periodista, catedrática, comentarista y observadora de los procesos electorales y la vida cotidiana.

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